Los días han pasado, ya me dí cuenta que todo terminó. Realmente todo acabó.
Optimismo?: Me saqué una mochila de 95 kilos.
Hoy me levanté con esa actitud. Abrí los ojos (bah!, en realidad... hice el intento. Mis párpados hicieron un esfuerzo inmenso por despegarse, estaban "enguatados", casi traslúcidos), el sol se colaba por mi ventana (lo que en algún momento fue una ventana, ahora está clausurada con la montaña de ropa sucia que debí lavar hace tiempo), el día parecía ser otro.
Me desperecé, mientras que mi estómago se quejó estrepitosamente. Hice memoria y me dí cuenta que hacían dos días que no comía... 48 horas son alimento, higiene, ni laburo!!!!!!!!!!!
Ok. Era momento de tomar las riendas de mi vida. Me vestí - en realidad me dejé el pantalón del pijama, sólo me cambié la remera porque estaba un poco dudosa-, me lavé la cara, me peiné-o hice el intento- y marché al único lugar en el que me siento segura: la casa de mis viejos.
Qué puedo decir de ellos?
Ambos son raros, aunque quién no piensa eso de sus padres?
Mi madre, una mujer dedicada, buena, indefenza, capaz de dar todo por mí. Pero es muy recta, considera que la virginidad es un valor extremo y que si una lo pierde, jamás va a lograr encontrar el amor.
Mi padre, la antítesis... pero igual de correcto. Su lema: Las personas enfrentan compensaciones. No existen almuerzos gratuitos. (Decímelo a mí).
Llegué a mi casa (hogar... esa es la palabra) con el bolsón de ropa sucia. Apenas entré, ese aroma a casa, al lugar donde pertenezco. Ví a mi madre sentada tomando mate, ahí, sin decir nada, con la mirada perdida. La abracé y me puse a llorar. Me sentí como cuando era niña e iba corriendo a los brazos de mamá para que me consolara porque me habían roto mi muñeca favorita. Mi viejita tomó mi rostro entre sus manos, secó con cuidado maternal las lágrimas y simplemente me invitó un mate.
No hablamos de nada... ella ya lo sabía. Me preparó una vianda para cada día de la semana y me mandó al mundo exterior.
Cuidado de madre... eso era lo que necesitaba.
Pensar que antes aborrecemos a nuestras madres... y después son nuestras mejores amigas.
En fin...
Mañana me junto con un ex jefe. No sé qué querrá.
Me voy a dormir... Mi casa está sola, pero mi panza llena. Y como dicen: Panza llena, corazón contento.
miércoles, 20 de enero de 2010
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