En una de esas noches de insomnio donde parece que la nada sucumbe la mente, pero
paradójicamente una hecatombe de problemas te taladran la cabeza, decidí dejar todo de lado y
autopsicoanalizarme.
Por qué un ser estúpido me quita el sueño, provoca que coma incontrolablemente y pone mis nervios al límite de lo relativamente normal?
Recapitulemos, un idiota al que amé, me trató como gata barata. Por qué lo permití? Era consciente de eso? Acaso es verdad que el amor me encegueció tanto?
A ver...será que siempre me pasa lo mismo?
Desde que tengo memoria lloré porque el maldito cupido se quedaba sin flechas justo en el momento de apuntarle al chico.
4 años: Mi primer amor. Lindo, picarón, divertido, amigo, lo miraba y mi boca dibujaba una sonrisa como un reflejo automático. Pero había un problema: pertenecía a otra mujer. Y lo que era peor, esa mujer era mi madre. Como cualquier niña, mi primer enamoramiento fallido fue mi padre. Fin de la relación.
5 años: Ya superada mi primera desilución amorosa, conocí en el Jardín de Infantes a Walter Provenzano: alto, flaco, ojitos picarones... herrrrrrrrmoso y muy HDP. Sí! todas mis compañeritas le moneaban, le regalaban alfajores para la merienda. Un genio!... y sólo tenía 5 años. Él nunca se enteró que me gustaba. Ahora, mi actidud con él: me ponía nerviosa cuando se acurrucaba a mi lado a dormir la siesta; me tiraba el pelo y me machucaba los dedos con los pupitres, pero yo tomaba esa violencia como un gesto de amor... pero nuestra relación terminó cuando mi padre me privó juntarme con él después de presenciar el famoso "callejón de los naranjos", en la que a la que le pegaban era a mí. Fin de la relación.
8 años: Leonardo Quiroga. Era mucho más grande. Tenía 13 años!!!! Cómo me gustaba! Cuando le conté a mi mamá, ella me miró y me dijo: "Qué???? ese pendejo es hijo de Quiroga!... él y tu papá se odian!." Ok. Lo hizo más interesante! Amor prohibido. Pasaron los meses y él me parecía cada vez más lindo. Y un día, de pronto, toqué el cielo con las manos: en una fiestita de la escuela me habían elegido para bailar con él una chacarera!. Wow! mi angelito de la guarda había escuchado lo que le pedía cada noche abrazando a mi "Coni", una coneja de peluche destartalada que me acompañaba desde mi nacimiento.
Estaba muy feliz cuando me dieron la noticia!... pero como todo, duro poco. Menos de un día. Qué sucedió?. Simple. Leo no quería bailar conmigo. Claro!!! Cómo iba a bailar conmigo?! Él, el chico más lindo. Y yo, una seudo nerd, gordita, con lentes y estrabismo, y con cientos de trenzas con las que mi madre me peinaba para evitar así el contagio de piojos. Me enteré de ésto al escuchar una conversación que mi madre (quien era maestra de esa escuela) mantuvo con el director.
-No puedo hacer nada al respecto, el niño es quien se niega a bailar - dijo el director.
-Pero no se puede hacer nada? Yani está muy ilusionada, hasta me hizo comprale todo el vestuario
-No sé que decirle. Leonardo quiere bailar con Ana. (la chica más linda y rica de la escuela)
-Ya veré cómo le digo.
Solución: jamás me dijo nada. El día previo a la fiesta, mi madre preparó unos tallarines exquisitos, una torta de chocolate y unas galletitas de avena para tomar la leche. El problema?: soy celiaca. El día de la fiesta me levanté super descompuesta, apenas podía pararme y mi mejor amigo era el inodoro. Fin de la relación.
13 años: Gastón Almeyda. Un alumno de mi mamá. Lo conocí un día en el que fui a visitarla. Ahí estaba él, sentado en el primer banco. Flechazo al instante. Durante el recreo, jugamos, nos llevamos increíblemente... A la semana siguiente quise repetir la visita, pero mi madre me lo prohibió. Motivo: las alumnitas le dijeron que me habían visto darle un beso en el recreo. Fin de la relación.
14 años: Marcelo Castro. Mi primer novio. Él tenía 19 años, morocho de ojos verdes, 1,70, tímido. Es más, creo que fui yo quien lo avanzó (pero shhhhh! es un secreto). Estuvimos de novios 6 meses, mis padres no sabían nada. Él era muy pobre, siempre usaba la misma ropa para ir a la escuela, recuerdo que sus zapatillas estaban a punto de romperse dejando al descubierto su dedo gordo. Fue la relación más dulce que recuerdo. Incluso él, para verme, se subía en su bicicleta y andaba 15 kilómetros y así lograr encontrarnos en algún lugar furtivo lejos de la mirada de alguien que conociera a mis padres. En la escuela, nos salíamos de clases e íbamos a caminar.
Pero un día, alguien nos vio. Mi papá jamás se había enojado tanto conmigo. Era agosto. Al otro día, falté a la escuela, también al día siguiente, y al siguiente. Mis padres habían decidido que rinda libre las materias y que al próximo año me cambiarían de escuela.
Jamás volví a verlo, ni tampoco a mis amigas. Una de ellas fue a la escuela en la que trabajaba mi mamá y le entregó una cartita. Decía cuánto me extrañaban y que Marcelo no paraba de preguntar por mí. Hace un par de años me enteré que era el casero de una finca. Fin de la relación.
16 años: Mario Carabajal, compañerito del colegio. Estaba muy enamorada de él. Su forma de ser me mataba, me reía de sus chistes malos y de sus ocurrencias atípicas. Nos hicimos muy amigos, nos contábamos todo (bue'.. casi todo) Un día en plena clase, una amiga me dice: "Mirá, Mario no te puede sacar los ojos de encima"... muy disimuladamente, miré y era cierto!!!!!!!!!!!!!. Mi corazón parecía loco atormentado. No podía esperar a que el reloj diera la hora de salida, que era el momento que más disfrutaba del día: compartíamos el camino a casa. En la salida, como todos los días, nos fuimos caminando juntos.
-Tengo que decirte algo- tiró nervioso Mario.
-Si?
-Estoy enamorado-
-......- no dije nada
-De Anto.
Cuando pronunció esas palabras un sudor frío corrió por mi cuerpo, no sabía qué hacer, la tierra no me tragó ni el colectivo se lo llevó puesto. Qué hacer??... Consejos, sólo consejos. Y sí, era Yanita, su amiga Pocha.
Al tiempo, Anto (la chica que me dijo que Mario estaba mirándome) se puso de novia con Mario.
20 años: Martín. Mi primera relación trágica. Él tenía 28. Diseñador gráfico, hermoso, simpático, inteligente y soltero (raro). Nos pusimos de novios y a los 6 meses todo terminó. Por qué?... lo ví echo un nudo ciego con una tilinga en un boliche. Me le acerqué, lo saludé. Su reacción? se quedó duro (y no del mejor modo!). Era su novia (obviamente, no lo sabía). Hacía 5 años que estaba de novio. Y sí, un HDP. Pero ahora, casado y con un hijo. Fin de la relación.
25 años: Víctor.
Conclusión: jamás he tenido una relación que valga la pena recordar.